Otro de los rincones más pintorescos de la Península, Peñiscola lleva el paso del tiempo con mucha gracia. Esta “ciudad” (tiene el título desde 1707) se eleva sobre una península rocosa única a la tierra tan sólo por un istmo de arena. Esta singularidad hacía que, al subir la marea, quedara aislada como si fuera una isla hasta que la construcción del puerto acabó con el fenómeno. Aun así, un paseo por su casco viejo hasta llegar al imponente Castillo del Papa Luna es algo indescriptible. Y si te cansas de la historia siempre puedes tumbarte a tomar el sol en una de las estupendas playas que abundan en la zona.
NOELIA.


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